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El Maestro de la Túnica Blanca

“Después de estas cosas tuve una visión y vi una puerta abierta en el cielo,
y la voz aquella primera que había oído como de trompeta, hablaba y, me decía: sube acá y te mostraré las cosas que han de suceder después de estas”.

Apocalipsis 4,1

Del 16 al 22 de Marzo de 1998 se llevó acabo El Encuentro Mundial de Contacto en Chile.

La atmósfera creada después de cinco jornadas de trabajos resultaba muy especial. Aquella noche del día 20 (Quinto día), el cielo estaba oscuro y estrellado, hermoso marco para experiencias, se formaron dos círculos. En el círculo interior se ubicaron los que no habían recibido los cristales; y en el círculo exterior, los que ya los tenían, e iban a apoyar y ser testigos de la recepción. La captación de los cristales fue muy intensa, al igual que la cercana proyección de los Guías.

Era sábado, el sexto día del campamento y del encuentro mundial. Lo que correspondía ahora era la experiencia del Xendra, vi asomarse el rostro ovalado y oscuro de un ser. De inmediato lo reconocí como Mardorx de Xilox, fui invitado a acomodarme en una especie de largo sofá, en tanto Mardorx permanecía parado delante de mí, dispuesto a explicarme el motivo de mi presencia allí. De pronto, este ser levantó su mano y rompiendo su silencio, dijo:

— ¡Ha llegado el tiempo para que, en algunos, culmine la preparación y empiece la acción comprometida y definitiva! Cada uno tiene su momento para madurar en la Misión, y nadie les debe facilitar las cosas a otros ni ahorrarles etapas. Que cada cual asuma sus responsabilidades y haga sus propios méritos. Por lo pronto, tu responsabilidad es estar aquí; y el propósito de tu presencia es el de ser los ojos y oídos de la Misión, para que luego puedas seguir siendo una voz inspiradora que llegue con convicción y esperanza a la humanidad. .. Pero son los pasos de cada uno los que los traen hasta aquí…

— ¡Pues aquí estoy, aunque aún no sé en qué consiste esta invitación!

—Hace dos milenios, un Gran Maestro se marchó de tu planeta tras haber abierto un Portal que aseguraría a la humanidad una oportunidad única de cumplir con su parte en el Plan Cósmico. ¿No te molesta que estemos esperando? Estamos aguardando la autorización para ir a la Cúpula Central de la Ciudad Cristal, allí va a ser nuestra reunión.

—No tengo apuro alguno, ¡está bien!…

— ¡Es fascinante… ustedes están viviendo en un tiempo sin tiempo!

— ¿Qué quiere decir esto: que ya se nos acabó el tiempo o que el tiempo no existe para nosotros? ¿Podría explicármelo mejor? Estaba preguntando esto aun cuando sentía la respuesta… Entendía pero no lo podía definir:

— Al estar ustedes en un tiempo alternativo, muchas cosas pueden variar; y desde donde se encuentran, pueden afectar otras realidades, como la nuestra por ejemplo. Eso ha despertado grandes temores y ha hecho que entidades elevadas y hasta civilizaciones enteras se opusieran a que siguiese adelante este proyecto. Pero ya empezó a variar, ya estamos sintiendo cosas. ¡Ustedes nos están haciendo sentir!

— ¿Qué opinas de la canepla que nos acompaña?—

Me dijo sorpresivamente.

—Me parece su secretario. Debe ser un buen colaborador, ¿no?

—Contesté en una conversación superficial, que parecía buscar relajarme.

— ¡Ciertamente que sí!

—Contestó sin mayores comentarios, al momento de salir hacia el exterior.

No podía imaginarme lo que me aguardaba a continuación. Sin embargo, había en mí una suerte de expectativa creciente e incertidumbre, que luego se confirmaría al llegar al interior de la Gran Cúpula Central de Morlen, ante la presencia del “Maestro de Maestros”. Habían pasado 24 años desde que se inició nuestra aventura, y no dejaba de sorprenderme con aquello que nos tocaba vivir.

Salimos de la casa del Guía y quedamos rápidamente bajo un cielo colorido y extraño. Fui avanzando, sin sospecharlo, hacia el momento más especial de mi vida. Un momento que no olvidaría jamás…

El Plan Cósmico

Tiahuanaco

Los Gigantes del Diluvio

Tiahuanaco era llamado en el pasado «Ciudad Eterna», la antigua Wiñaymarca del gran Huyustus, el primer Gran Maestre de «los sacerdotes salvados de las aguas». Para nuestra suerte, aún podemos rastrear la historia de aquel empolvado tiempo. Por ejemplo, Kitari, uno de los más grandes quipucamayocs del incanato aquellos que guardaban los archivos históricos del Imperio, nos cuenta que Huyustus era un señor poderoso, rubio y de ojos azules…

 

Hoy en día los pescadores del Titicaca en el lado Boliviano recuerdan la historia de la antigua Wiñaymarca, la morada de los gigantes y la magia. El mismo Pedro Cieza de León (reputado cronista español), recogió un dato interesante: cuando los incas llegaron a Tiahuanaco hallaron a la misteriosa ciudad en ruinas, lo cual ya nos indica qué tan antigua era.

Por otro lado, el inca Garcilaso de la Vega escribía en sus Comentarios Reales (1609) que un hombre apareció en Tiahuanaco cuando «cesaron las aguas», lo que también nos hace recordar la migración de los sobrevivientes atlantes hacia la Cordillera de los Andes.

Sobre la existencia de los gigantes, no nos debemos sorprender en lo absoluto, por cuanto los cronistas antiguos hacen amplia referencia a ellos. De igual forma, en todas las culturas, encontramos claras alusiones a seres de gran estatura.

Las leyendas incas mencionan a estos gigantes una y otra vez. En el Perú antiguo, por ejemplo, se afirma que en tiempos del incanato hubo una llegada masiva de gigantes en las costas de Lambayeque. ¿Quiénes eran? ¿De dónde venían? ¿Tenían relación con la Atlántida?

Una teoría arriesgada -pero posible- sostiene que el gigantismo de algunos atlantes se debía a la hibridación con seres extraterrestres de gran estatura; así se transmitió el código genético necesario para que ello sucediese.

En Tiahuanaco, a decir del estudioso Guillermo Lange Loma, los gigantes eran conocidos bajo el nombre de «Antilis» y Chullpas», sobrevivientes de un mundo perdido, estableciendo en el altiplano, hace miles de años, una sociedad avanzada que fue la madre del Imperio Inca.

Para Arthur Ponsnanski, padre de la Arqueología Boliviana, Tiahuanaco tiene entre 10.000 y 15.000 años de antigüedad.